jueves, 4 de abril de 2013

EL NUEVO PAPA






La elección de Jorge Bergoglio como Papa ha ocupado el centro de la escena en los últimos días plagados de opiniones rotundas y especulaciones no exentas de cambios bruscos de posición e interpretaciones que buscan colocar a nuestro país como el factor dominante en la elección del nuevo Papa basadas en un elemental chauvinismo, sobre todo instrumentado por los sectores más conservadores de la sociedad, para disputar el sentido y los efectos políticos de su recién iniciado papado.
Lo que no cabe duda es que su designación ha despertado en amplios sectores de la sociedad pertenecientes al catolicismo enormes expectativas. Las mismas están centradas en que la elección de un papa jesuita y latinoamericano significaría una vuelta de página en la profunda crisis y descomposición que la Iglesia está atravesando desde hace décadas, sobre todo desde que de la mano de Karol Wojtila, la Iglesia se convirtió en uno de los protagonistas principales de la contrarevolución neoliberal con hegemonía norteamericana.
Adoptando como identidad política la lucha contra el comunismo y la instauración del modelo neoliberal, en alianza con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, Wojtila llevó adelante en esos años de restauración conservadora una férrea tarea que barrió con lo avanzado por la Iglesia en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia de Medellín. Esta tarea fue continuada y profundizada bajo el papado de Ratzinger, quien ya había asumido la tarea de acorralar a quienes proponían la Teología de la Liberación en América Latina bajo el papado de Wojtila. A la muerte de Wojtila, Ratzinger fue electo para llevar adelante una ofensiva interreligiosa contra el Islam en el marco de las ofensivas políticas y guerreras de Norteamérica hacia Medio Oriente.

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